Operatividad mediante la reparación: el derecho a reparar en el ejército de EE. UU.
En el exigente mundo de la defensa, la disponibilidad operativa lo es todo. Un solo fallo puede dejar flotas en tierra, paralizar estrategias y costar millones. Pero ¿y si la clave no está en comprar nuevo, sino en reparar lo que ya tenemos? Ese es el cambio de mentalidad que está impulsando el derecho a reparar en el ejército de los Estados Unidos. En abril de 2024, el Secretario del Ejército anunció planes para incorporar disposiciones de derecho a reparar en todos los contratos nuevos y existentes. El motivo es claro: cuando los fabricantes limitan la capacidad de reparar, la operatividad, la eficiencia y la seguridad del ejército se ven comprometidas.
El problema: décadas de restricciones que cuestan vidas y dinero
Durante décadas, los técnicos militares se han enfrentado a obstáculos frustrantes. A pesar de su formación, a menudo no pueden reparar su propio equipamiento.
Los fabricantes han bloqueado las reparaciones de tres formas principales:
- Mediante herramientas propietarias de uso exclusivo.
- Denegando el acceso al software de diagnóstico.
- Exigiendo que solo sus técnicos autorizados realicen el mantenimiento.
Este modelo, habitual en la electrónica de consumo, ha penetrado en sistemas de defensa críticos. Las consecuencias son graves.
Dos ejemplos reales lo ilustran:
Un escáner de TC en un hospital de campaña quedó inutilizado porque el ejército no pudo obtener un microcontrolador de repuesto. La solución oficial fue comprar un aparato nuevo.
Un dron RQ-11 Raven se estrelló y fue enviado al fabricante para su reparación. Coste: 26.000 dólares. Los soldados sobre el terreno eran perfectamente capaces de arreglarlo.
Multiplicada por miles de sistemas, esta ineficiencia cuesta miles de millones a los contribuyentes. Según la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de EE. UU., los costes operativos y de mantenimiento pueden representar hasta el 70% del gasto total durante el ciclo de vida de un sistema.
La solución: el derecho a reparar en el ejército
La nueva iniciativa de derecho a reparar en el ejército está diseñada para revertir esta situación. El Ejército exigirá acceso a tres recursos clave:
- Datos técnicos de los equipos.
- Software de diagnóstico para identificar fallos.
- Piezas de repuesto sin restricciones de fabricante.
El objetivo es claro: que el personal militar pueda mantener y restaurar su equipamiento sin depender de terceros. Este cambio podría ahorrar decenas de miles de millones de dólares a lo largo del tiempo.
El apoyo ciudadano es sólido. En una encuesta nacional de US PIRG, el 74% de los votantes respaldó una acción del Congreso para garantizar este derecho. El mensaje del Ejército es contundente: reparar no es una carga, es la clave de la libertad operativa.
Reparar es sinónimo de resiliencia
La capacidad de reparar en el campo de operaciones va mucho más allá del ahorro económico. Cuando un técnico militar puede intervenir sobre el terreno, el equipamiento vuelve a estar operativo antes, las unidades ganan autonomía y los operadores desarrollan un conocimiento más profundo de las herramientas que manejan. En términos militares, quien repara, resiste.
Esta realidad no es exclusiva de la defensa. Fabricantes, proveedores de energía y empresas de transporte se enfrentan a las mismas restricciones y experimentan las mismas ineficiencias. En todos los casos, la conclusión es la misma: cuando existe acceso real a la reparación, mejora el rendimiento, se generan menos residuos y el gasto se optimiza. Si el Ejército de los EE. UU., una de las organizaciones más complejas y sensibles del mundo, puede avanzar hacia la reparación abierta, cualquier otro sector también puede hacerlo.
En Repair, Don’t Waste, este cambio confirma algo que defendemos desde el principio: la cultura de la reparación es universal. Ya sea un soldado reparando un dron, un técnico restaurando una placa industrial o un consumidor arreglando su móvil, el principio es siempre el mismo. Cuando se da a las personas la capacidad de reparar, se ahorran recursos, se alarga la vida útil de cada activo y se protege el medio ambiente.







